La elección de nubes que da forma al planeta

La nube parece invisible, pero su impacto no lo es.
Muchas organizaciones se apresuran a migrar a la nube porque promete velocidad, flexibilidad y eficiencia. Y así es. Sin embargo, entre la emoción del autoescalamiento y la comodidad de los servicios gestionados, olvidamos algo importante: la carga de trabajo que movemos tiene una huella física en el planeta.
La nube no carece de peso. Parece invisible, pero detrás de cada llamada a la API y de cada máquina virtual (VM) hay un centro de datos que se alimenta de una red real. Por eso, elegir un proveedor de nube ya no es solo cuestión de tiempo de actividad o costo. También se trata del impacto medioambiental.
No todas las nubes se construyen igual
La verdad es que no todas las nubes son verdes. Algunos hyperscalers gestionan centros de datos alimentados por energías renovables, otros siguen dependiendo en gran medida de las redes de combustibles fósiles. Algunos publican informes de sostenibilidad transparentes, otros se esconden tras amplias afirmaciones de marketing. Algunos se apresuran a conseguir la neutralidad de carbono, otros ni siquiera han publicado un cronograma. La nube tiene el mismo aspecto desde fuera, pero las decisiones que tome modifican su huella.
Mejores preguntas conducen a mejores decisiones
Una migración responsable a la nube empieza por hacer mejores preguntas. ¿Dónde están ubicados los centros de datos del proveedor? ¿Se han comprometido a que su entorno funcione con energías 100% renovables? ¿Miden y divulgan abiertamente su impacto en las emisiones de carbono, región por región, en lugar de agruparlo todo en un informe anual para sentirse bien? ¿Proporcionan herramientas que le permitan monitorear la huella de carbono de sus propias cargas de trabajo?
Su arquitectura es tan importante como su proveedor
Luego está la parte de la que nadie habla: su arquitectura importa tanto como su proveedor. Un entorno de nube mal diseñado derrocha energía a gran escala. Las instancias sobreaprovisionadas, los servicios inactivos, las réplicas innecesarias y las cargas de trabajo abandonadas se traducen en más emisiones, incluso si su proveedor es ecológico. La eficiencia no es solo buena ingeniería. Es responsabilidad medioambiental.
Construir para la capacidad y para el planeta
La migración a la nube ofrece a los equipos de TI una oportunidad que la mayoría de los sectores no tienen: la posibilidad de reducir el impacto al tiempo que se aumenta la capacidad. Funciona cuando tratamos la sostenibilidad como un principio de diseño, no como un eslogan. La nube no se convierte en algo bueno para el planeta de forma predeterminada. Se convierte en algo bueno porque elige sabiamente, diseña intencionadamente y rechaza implementar sistemas que desperdician más de lo que aportan.
El futuro de las TI es poderoso, pero también puede ser más limpio. Y eso empieza por lo que se construye y dónde.